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martes, 18 de enero de 2011

Nacer en el Poder del Patriarcado.


Desde hace 5000 años vivimos en una sociedad que no está constituida para realizar el bienestar de sus componentes, sino para realizar el Poder.

Al Poder le estorba la sexualidad de la mujer, los cuerpos de mujeres que secretan libido maternal, porque una sociedad con cuerpos femeninos productores de libido materna es incompatible con todo el proceso cotidiano de represión que implica la educación de niños y niñas en esta sociedad. La socialización patriarcal exige que la criatura se críe en un estado de necesidad y de miedo; que haya conocido el hambre, el dolor, y sobre todo el miedo a la muerte por abandono, que es lo que psicosomáticamente percibe cualquier cachorro de mamífero cuando se rompe la simbiosis. 

Por eso la sociedad patriarcal se ha ocupado a lo largo de estos milenios de romper la simbiosis madre-criatura, para que nada más nacer la criatura se encuentre en medio de un desierto afectivo, de la asepsia libidinal, y de todo tipo de carencias físicas, para las que su cuerpo no estaba preparado. Desde este estado, que es el opuesto al de la simbiosis, se organiza su supervivencia a cambio de su sumisión a las normativas previstas por la sociedad adulta: "a cambio de ser un niño buenx", es decir, que no llora aunque esté solx en la cuna, que come lo que decide la autoridad competente y no lo que la sabiduría de su organismo requiere, que duerme cuando conviene a nuestra autoridad y no cuando viene el sueño, que se traga, en fin, los propios deseos para, ante todo, obtener una aceptación de la propia existencia que ha sido cuestionada con la destrucción de la simbiosis, complaciendo a lxs adultxs y a nuestras descabelladas conductas, sometiéndose inocentemente a nuestro Poder fáctico; se acorazan, automatizan y asumen las conductas convenientes a esta sociedad de realización del Poder - llámese dinero, etc.- 

Así comienza la pérdida de la sabiduría filogenética de 3600 millones de años y el acorazamiento psicosomático. Así comienza el dolor en el parto, la desnaturalización de la mujer, la destrucción de la sexualidad, la priorización del Poder al estado natural.

Nos hemos dejado engañar por el modelo patriarcal de sociedad, por el modelo que ha elegido el Poder como forma de vida. Por el mismo modelo que ha reducido nuestro valor catastral a las cifras que los seguros establecen en sus anexos. 

Y lo peor de todo es que a día de hoy seguimos engañados.
Seguimos tratando el parto como si fuera una enfermedad: hospitales, pinchazos, enfermeras, pinchazos, trajes verdes, agujas. Una sarta de mentiras interminable.

Con lo fácil que sería seguir el trascurso de la vida, y hemos tenido que optar por seguir las directrices de quiénes dominan el mundo. Poder.

El malestar de nuestra cultura se debe a todo lo que desencadena la robotización de la función materna.

Lo malo del chupete no es que el pezón sea de plástico. 
Lo malo del chupete es el cuerpo que falta detrás.