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jueves, 7 de abril de 2011

Excelente




Fácil y sencillo.

El tonto es tonto (y la mayoría de veces poquero).
El que aprueba, en estos tiempos que corren, es listo. 
El que saca sobresaliente es, sin más ni menos, excelente.

Y como es excelente, el mejor de su especie, ha de impedirse que se junte con seres inferiores. Hay que impedir que huela siquiera el mismo espacio. Ha de ser trasladado a un Centro de Excelencia. 

Y a los demás. Que les jodan. 
Si eres de los que sacan menos de un 8 al sacarte la E.S.O seguirás en tu instituto de por vida. Si eres de los que sacan más, podrás ir "voluntariamente" a un Centro de Excelencia de la Comunidad de Madrid. Perdón, a "EL" Centro de Excelencia de la Comunidad de Madrid, porque de momento solo habrá uno y con 80 plazas. (¿80 plazas? También confía poco nuestra querida presidenta no?)

Lo dicho, irás "voluntariamente". Y digo yo, ¿qué voluntad tienen un menor de edad al acabar la E.S.O.? Lo más seguro es que si se da el caso, papá y mamá quiera un hijo "excelente", y que el niño diga misa. 

Pues bien, todo esto me parece una gilipollez. Me parece estupendo que se premie a los alumnos con buenas notas. Pero no me parece nada bien que se separe a los "listos" de los "tontos". Porque sí, eso es lo que parece. Aparte de eso, aíslas a unos en una mini población de 80. Que si al empollón ya se le mete caña por ser el empollón, el día que salga del Bachillerato de Excelencia le van a curtir a collejas. 
Vamos a seguir "segregando" (como dicen algunos que esto parece el apartheid) y a los empanaos vamos a dejarles que se pudran en unos institutos con una calidad cada vez más pésima. Mejora la enseñanza pública de verdad, joder, educa a los padres que permiten que sus hijas falten dos semanas a clase para hacer cola para ver a Justin Bieber (lo siento, tenía que nombrarle), combate de verdad el bullying y esos rollos… O si no, haz que los camellos de las puertas de instituto sean funcionarios públicos y que les droguen gratis a todos para que no te salgan más de 80 chavales medio listos al año. 
Que en mi opinión, ahora mismo, el chaval que saca más de un ocho o simplemente aprueba todo, ya es un puto héroe. Un puto héroe que sobrevive a sus padres enganchados a Sálvame, que sobrevive o combina su vida con la play, que tiene amigos y a veces hasta se va de coca-colas (y, dios me libre, de cervezas). Que el chaval que quiere puede ir a donde quiera sin necesidad de Excelencias. 

Que lo peor del fracaso escolar son los padres. 

Y otra cosa que me indigna ya a nivel personal. El Bachillerato de Excelencia será divido en cuatro clases de 20 alumnos, y en las que se impartirán dos modalidades: Ciencias y Tecnología y Humanidades y Ciencias Sociales.
No, no hay Bachilerato artístico en la excelencia. Todo el mundo sabe que no hay nadie medio listo en estas clases.






P.D: Yo habría optado al Bachillerato de Excelencia. 

martes, 18 de enero de 2011

Nacer en el Poder del Patriarcado.


Desde hace 5000 años vivimos en una sociedad que no está constituida para realizar el bienestar de sus componentes, sino para realizar el Poder.

Al Poder le estorba la sexualidad de la mujer, los cuerpos de mujeres que secretan libido maternal, porque una sociedad con cuerpos femeninos productores de libido materna es incompatible con todo el proceso cotidiano de represión que implica la educación de niños y niñas en esta sociedad. La socialización patriarcal exige que la criatura se críe en un estado de necesidad y de miedo; que haya conocido el hambre, el dolor, y sobre todo el miedo a la muerte por abandono, que es lo que psicosomáticamente percibe cualquier cachorro de mamífero cuando se rompe la simbiosis. 

Por eso la sociedad patriarcal se ha ocupado a lo largo de estos milenios de romper la simbiosis madre-criatura, para que nada más nacer la criatura se encuentre en medio de un desierto afectivo, de la asepsia libidinal, y de todo tipo de carencias físicas, para las que su cuerpo no estaba preparado. Desde este estado, que es el opuesto al de la simbiosis, se organiza su supervivencia a cambio de su sumisión a las normativas previstas por la sociedad adulta: "a cambio de ser un niño buenx", es decir, que no llora aunque esté solx en la cuna, que come lo que decide la autoridad competente y no lo que la sabiduría de su organismo requiere, que duerme cuando conviene a nuestra autoridad y no cuando viene el sueño, que se traga, en fin, los propios deseos para, ante todo, obtener una aceptación de la propia existencia que ha sido cuestionada con la destrucción de la simbiosis, complaciendo a lxs adultxs y a nuestras descabelladas conductas, sometiéndose inocentemente a nuestro Poder fáctico; se acorazan, automatizan y asumen las conductas convenientes a esta sociedad de realización del Poder - llámese dinero, etc.- 

Así comienza la pérdida de la sabiduría filogenética de 3600 millones de años y el acorazamiento psicosomático. Así comienza el dolor en el parto, la desnaturalización de la mujer, la destrucción de la sexualidad, la priorización del Poder al estado natural.

Nos hemos dejado engañar por el modelo patriarcal de sociedad, por el modelo que ha elegido el Poder como forma de vida. Por el mismo modelo que ha reducido nuestro valor catastral a las cifras que los seguros establecen en sus anexos. 

Y lo peor de todo es que a día de hoy seguimos engañados.
Seguimos tratando el parto como si fuera una enfermedad: hospitales, pinchazos, enfermeras, pinchazos, trajes verdes, agujas. Una sarta de mentiras interminable.

Con lo fácil que sería seguir el trascurso de la vida, y hemos tenido que optar por seguir las directrices de quiénes dominan el mundo. Poder.

El malestar de nuestra cultura se debe a todo lo que desencadena la robotización de la función materna.

Lo malo del chupete no es que el pezón sea de plástico. 
Lo malo del chupete es el cuerpo que falta detrás.