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martes, 29 de marzo de 2011

Typical spanish win

http://www.google.com/publicdata?ds=z9a8a3sje0h8ii_&met=unemployment_rate&idim=eu_country:ES&dl=es&hl=es&q=tasa+de+paro#met=unemployment_rate&idim=country_group:eu&idim=eu_country:ES


Me divierte.
De verdad. Me divierte. Es sublime.
Puedo pasarme horas marcando y desmarcando pestañitas. 
Ese marcar... esperar un poquito y... ¡zasca! ¡A este también le ganamos! ¡Toma!

Y que la gente se queje tanto (hablando y hablando quiero decir) cuando después del Mundial también podemos ganar en esto. 

Es lo que nos queda, seguir engordando las listas del paro. Yo misma, estoy deseando dejar este maldito trabajo, por el que la gente reza "tienes que dar gracias", para participar en esta victoria. Y también quiero jugar en esa economía sumergida de cobrar el subsidio del paro y currar sin contrato. 
¡¡Y me llega pasta de dos sitios distintos!!
¡¡Y así cobro y además contribuyo a que mi país sigue creciendo en esta maravillosa escala!!

Me encanta.
Me divierte.
De verdad.

martes, 8 de febrero de 2011

Eterna espera


Poco más que decir.


Nos jactamos de ser países desarrollados, países de la economía del bienestar, se nos llena la boca con la palabra democracia y nuestro concepto de Estado.

Y nos han vuelto a dar una lección. La lección de que sin acción no hay resultados. Un pueblo entero se levanta, incluso esas mujeres, tan maltrechas en países musulmanes, se cuentan entre los manifestantes, a razón de una por cada veinte hombres, pero ahí están, todos. 

Las causas: las mismas por las que podría estallar aquí mañana una revuelta. 
Pero aquí no pasara. Porque en este país solo sabemos esperar. 
Salimos de una dictadura de 40 años (de la que no pienso hacer demagogia para bien ni para mal, solo ofrezco datos) porque el dictador murió. En Túnez, Ben Alí, directamente ha huido, y en Egipto, no cesarán las revueltas hasta que Mubarak haga lo mismo. 
Estamos hundidos en un crisis que afecta cada día a más personas. Pues esperemos a que tal o cual no se presente a las "próximas" elecciones, esperemos a ver los resultados del paro de este mes, esperemos a las previsiones de las empresas privadas de este año... 

No quiero decir que no haya movimiento, claro que lo hay y muy bueno. Pero débil. Débil porque hay discordancias entre los que se revelan, porque no hay unidad ni para golpear al malo, pero sobre todo porque es muy difícil despertar una conciencia colectiva acostumbrada a esperar. A ver la vida pasar y amoldarse a lo que acontece.

Esperamos. No hacemos nada.
Y así nos va.




Y yo... Yo soy una persona de masas, y hasta que mi vecino no se mueva, voy a esperar a que estalle la revuelta. Y ya, si eso, y veo que hay ambiente, me uno.

San Francisco, Summer of Love 1967
París, Mayo 1968
París, Octubre 2005
Túnez, Egipto, 2011

Desde los hippies hasta el islam, tenemos mucho que aprender.

jueves, 27 de enero de 2011

Las ilusiones perdidas




No se van en trenes con maletas de cartón pero llevan sus bienes más preciados: un portátil, un móvil de última generación regalado por un familiar o conseguido a base de una lucha de puntos sin cuartel. Suelen tomar un vuelo de bajo coste, cazado pacientemente en las redes de Internet. Se van a hacer un máster, o han logrado una mal llamada beca Erasmus que costará a la familia la mitad de sus ahorros. Otras veces van a hacer de au-pair, de auxiliar de conversación, o a cualquier trabajo temporal. La familia va a despedirlos a la puerta de embarque y mientras se alejan disimularán unos su pena y otros su incipiente desamparo. "Es por poco tiempo -se dicen-. Dominarán el idioma, conocerán mundo... Regresarán en pocos meses".
Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.
No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... A fin de cuentas aquí no hay nada.
Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.
No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.
En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.
No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.
No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridosni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.


Concha Caballero
"Las ilusiones perdidas"