martes, 28 de junio de 2011

28 de Junio.




Que me digan de qué tengo que enorgullecerme y luego, si eso, lo haré.

Hoy es… ¿28 de junio?

aHá. ¿Y qué?

Hace ya bastante tiempo decidí enamorarme de una mujer. ¡Y yo también lo soy!

Ha llovido mucho desde el día en que por vez primera me apeteció cogerle la mano a una igual. No hablemos ya de un primer beso o de una primera vez.

Me siento feliz.
Y lo que más feliz me hace es saber que nunca jamás podría haberme imaginado en esa situación. Y en ella ando, de pleno, sin frenos, y deseando más y más con cada día que pasa.


En realidad… Y no vayamos a engañarnos, todos hemos sentido algún tipo de interés o deseo por alguien de nuestro mismo sexo alguna vez. A todos nos excita el roce y la pasión, con independencia de quien la viva. Es algo natural, es algo instintivo, animal, salvaje. Algo que no tenemos porque esconder, porque nuestra naturaleza misma nos induce a ello.

Por eso mismo, odio el día del orgullo. Odio cualquier movimiento que pida el respeto y la aceptación de los que se autodenominan “homosexuales”, porque creo que es ese colectivo mismo el primero que ni se respeta ni se acepta, y a esto volveré luego.

No creo haberme sentido lesbiana jamás, igual que no creo que llegue el día en que nos presente a mi chica y a mí como una pareja de lesbianas/bolleras/homosexuales.

No necesito reivindicar mi condición sexual porque no tengo condición. No necesito reivindicar/defender/ensalzar que quiero a una mujer porque lo que realmente me enorgullece es el sentirme correspondida. Lo que tenga entre las piernas la persona a quien yo quiera, es algo que, a mi dignidad, ni le va ni le viene.

Exactamente, ¿de qué se enorgullece la gente el día del orgullo? ¿De ser “diferentes”? Porque de ser así, discúlpenme pero yo soy una persona completamente normal e igual a las demás… ¿De ser capaces de reconocer que quieren a un igual? Porque de ser así, discúlpenme pero sería un problema no poder reconocerlo.

Y ahí es donde entra el respeto y la aceptación.

¿Cuánta gente saldrá a la calle a manifestarse/desfilar/juerguear por el día del orgullo sin ni siquiera ser capaz de sincerarse en su casa? ¿Qué respeto y qué aceptación quiere lograr ese colectivo si el primero que se “discrimina” es el mismo saliendo a la calle a “manifestarse” sin motivo? En mi vida me he sentido discriminada por estar con mi chica. Jamás he recibido un insulto o cualquier otra ofensiva por el estilo.

Las miradas indiscretas son, precisamente, producto de este tipo de movilizaciones. La naturalidad es y debe ser la única manera de intentar mitigar la sorpresa que pueda llevarse cualquiera que vea dos hombres besándose en la calle. Porque… discúlpenme de nuevo, pero… igual sólo 1 de cada 10 parejas se atreve a mostrarse públicamente (salvo el día del orgullo, en que parece quedar justificado el darle rienda suelta a la pasión). Y es ahí, de nuevo, donde a mí me molesta que se intente reivindicar el día del orgullo.

¿Qué cojones vas a reivindicar si tú eres el primero que le oculta al mundo tu forma de ser?

Y yendo un poco más allá… Creo que es algo perjudicial para el propio colectivo.

Enfermos, desviados, viciosos, pecadores. No han faltado palabras a lo largo de la historia para hacer referencia a las que han sido consideradas como anomalías pasionales. Hoy por hoy, lo cierto es que siguen existiendo  muletillas para referirnos a quienes tan “orgullosamente” se reivindican en las calles. Hablar de “homosexuales” (que ya de por sí me parece una palabra jodidamente horrible para referirse a un colectivo de PERSONAS), suele ir aparejado, en el mayor de los casos, a la idea del vicio, la lujuria y la feminidad/masculinidad invertida de las personas. Esos estereotipos son, precisamente, a mi modo de ver, los que dan lugar a los prejuicios que se siguen teniendo.

El dar tal importancia a la condición sexual en ningún momento puede ser considerado como algo positivo para nadie: yo no soy ninguna depravada por haberme enamorado de una mujer, y probablemente muchos lo piensen, y probablemente nadie del colectivo lo sea, pero esa es la imagen que da, del mismo modo en que fija demás estereotipos reprochables. A mí, personalmente, no me gusta que me relacionen con ese colectivo. No me gusta, tampoco, que me tomen por una “camionera” o por una “machorra”, porque desde ya os garantizo que soy y me siento femenina de los pies a la cabeza.

No hay un día de orgullo “heterosexual”. Y menos mal. Será que al fin y al cabo no hemos llegado al punto extremista de “homosexuales” vs. “heterosexuales” aunque, sinceramente, el orgullo es el primer paso para que la condición sexual termine siendo otro tema más de discusión, como lo lleva siendo el género de las personas desde ya hace un tiempo.

La falta de discreción, la falta de intimidad… La falta de respeto hacia quienes no quieren aceptar esas situaciones. A mí me da igual que a la vecina no le guste que esté con una mujer, porque me la pela con quién pueda estar ella. No necesito que la gente acepte mi relación para sentirme a gusto con mi chica. Es ella y va a ser ella la única que va a incidir en nuestra relación. ¿Por qué el colectivo se empeña en que todo el mundo acepte sus relaciones? ¿Qué cojones importa a quién le parece bien y a quién le parece mal?

Y volvemos de nuevo a la pescadilla que se muerde la cola: la naturalidad es el único remedio para que todo el mundo acabe viendo bien tales situaciones. Hasta que ese momento no llegue, a mí, el orgullo, me cabrea. Y una vez que ese momento haya llegado, el orgullo será innecesario.

Gente que crítica a dos hombres que quieren casarse por la Iglesia. ¿Por qué? ¿Acaso mi condición sexual, si es que realmente se le puede llamar condición, va a limitar mis creencias religiosas? Eh. Si es así, chapó (ironía). Odio la Iglesia por ser la empresa que más dinero mueve en el mundo, pero la fe de las personas es algo intocable en mi conciencia, y mucho menos si el límite viene determinado por lo que tiene entre las piernas la persona de la que te has enamorado.

Yo abogo por la no diferenciación entre las personas, quieran a quien quieran. No soy partidaria del discurso del colectivo, no soy partidaria del tener que agrupar a las personas en grupos de “homosexuales” o “heterosexuales”.

Soy partidaria de que cada uno viva su sexualidad a su manera, rompiendo esquemas, prejuicios y estereotipos. Soy partidaria de que en el día del orgullo nos enorgullezcamos de querer, independientemente de a quién. Vamos a alegrarnos de que aún sabemos querer, coño, ¡que estamos vivos!  Querer, amar, enamorarse… Salgamos a la calle a enorgullecernos de eso. A gritarlo y festejarlo. 
Todos.


Porque yo no quiero que me relacionen con ese colectivo.

Yo sólo quiero que me relacionen con mi mujer.

Y de eso sí que me siento orgullosa. Hoy, mañana y pasado mañana.

No necesito un día en el calendario, no necesito salir a la calle, ni reivindicarlo, ni manifestarlo, ni que nadie lo acepte.

La necesito a ella, y punto. 

viernes, 17 de junio de 2011

Violencia



Me declaro fan.
Totalmente.
Tú imagínate.
-"¡Mosso Ruipérez! Hoy le toca hacer de indignado con los costrosos del 15-M.
-¡A sus órdenes!"

Y va a su casa, se planta una riñonera, un palestino y listo!! 
Pero no amigo. Infíltrate y currátelo un poco más. Grita con los indigados y si ves que hay alguien difícil y que pueda causar problemas, haz tu labor. A nadie, y créame, a ninguno de nosotros, nos gusta la violencia desmedida y gratuita.
No te quedes como un pasamarote, mazado eso sí, con tu pose de madero, con un palestino mal puesto, una pantalones que son progres porque están rajados y esperes a que la gente se cabree contigo. Porque si vas con tu uniforme habitual, quizás hasta causes menos desagrado que así vestido. Intentando hacerte pasar por uno de los más, pero con tu cara de malo malísimo de la peli. Y Buda me libre de pensar, que fuesen ustedes o sus semenjantes, quienes empezaron las trifulcas. 
No hay nadie a quien les gusten más un par de ostias... que a ustedes.

Normalmente, no soy fan de la violencia, ya lo he dicho antes. Pero... hoy te digo, que estoy a favor de lo ocurrido. Tío, si la gente es capaz de hacer eso, ¿por qué será? ¿No te da que pensar? ¿Me puedes explicar por qué no has dimitido todavía?
Estoy a favor, porque nosotros nos defendemos con manos, sprays y gapos de los que nos atacan con recortes y leyes abusivas. Nos defendemos de los que nos ajustan el presupuesto y mantiene el suyo holgado. 
Momento helicóptero. 
Eh! Tío! ¿Cuánto cuesta tu viaje en helicóptero? ¿Esperas que no me cabree más? ¿Qué no me entren más ganas de seguir en plan radical violento? Te equivocas. Has hecho que mis ganas de reventar aumenten. Creo que odio los helicópteros.
De buenas manos y buenas fuentes (vamos, un piloto de helicóptero y buen amigo) sé que hay viajes en helicóptero con el trayecto Moncloa-Torrejón de Ardoz. En coche y caravana oficial a... ¿qué? ¿20 minutos?. Que Don Juan Carlos, da unas coordenadas al piloto y éste le deja con escopeta en un monte y a las horas le va a recoger. 
Que cada viaje "gratuito" de estos, cuesta un pastizal que pagamos todos. Y luego, queda gente que critica que también paguemos todos los viajes que realiza un helicóptero de rescate en Pirineos cada verano, porque es imprudencia de "montañeros inexpertos".
Y ante el cabreo de la gente de fuera, al señor Mas, no se le ocurre otra cosa que gastarse el dinero de esa gente, volando en helicóptero. Si tienes miedo, primero, es normal que lo tengas porque has hecho cabrear a un montón de gente que ha reventado y estallado, y segundo, entra en furgón policial como hicieron muchos. 
Cada viaje de esos en helicóptero... unos 3000€.

Así que yo digo, que violentos ellos. 

Y por otro lado.
Señores medios de comunicación (en los que en cierta medida trabajo), lo que le ocurrió a Gallardón en la noche de Madrid, no tiene nada que ver con el 15-M. 
Gallardón, lo peor que puedes hacer en Madrid es meterte con los maricas. Y doy fe. Por estar con ellos.


Y por último.
19-J.



martes, 7 de junio de 2011

Orwellitis aguda.


El Ministerio del Amor era terrorífico. No tenía ventanas en absoluto. Winston nunca había estado dentro del Minimor, ni siquiera se había acercado a medio kilómetro de él. Era imposible entrar allí a no ser por un asunto oficial y en ese caso había que pasar por un laberinto de caminos rodeados de alambre espinoso, puertas de acero y ocultos nidos de ametralladoras. Incluso las calles que conducían a sus salidas extremas, estaban muy vigiladas por guardias, con cara de gorila y uniformes negros, armados con porras.

No sé de qué me suena todo esto.
Será que 1984, al fin y al cabo, no queda tan lejano como pensábamos.